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'Aroldo' (Bilbao). Un valioso regalo

Nunca será suficientemente aplaudido el proyecto ‘Tutto Verdi’ que está sacando adelante la ABAO. Representar en Bilbao todas las óperas del genio de Busseto es un regalo valiosísimo para el aficionado. Como la colección completa de las obras de Shakespeare, encuadernadas en piel de camello y con ilustraciones de época. Un lujo. A ver, a ver, díganme, ¿cuándo van a tener otra vez oportunidad de disfrutar de ‘Aroldo’? Y, por si fuera poco, en una producción firmada por Pier Luigi Pizzi, un todoterreno que estudió arquitectura en Milán, se enamoró del teatro con Strehler y, a estas alturas, tiene un montón de polvo de bambalinas pegado a los pulmones. Pizzi respira arte a bocanadas y no se corta un pelo. Las musas mandan...
En esta ocasión, ha trasladado la acción de ‘Aroldo’ -ambientada en Escocia, en tiempos de las Cruzadas- nada menos que al siglo XIX. Un salto de siete centurias. ¡No se lleven las manos a la cabeza! El propio Verdi también hizo de las suyas en la adaptación de esta ópera. Por imposición de la censura, reconvirtió la primera versión, llamada ‘Stiffelio’, en algo más digerible para el paladar de los cortitos de miras. El cambio fue bastante drástico, la verdad... Como había que suprimir la condición religiosa del protagonista (marido engañado y pastor protestante), lo transformó en un guerrero medieval. ¡Milagro! En fin, afortunadamente esta vuelta de tuerca no sentó precedente; el genio de Busseto no volvió a ceder jamás de manera tan espectacular ante la presión del ‘establishment’. Vamos, que se le disculpa de mil amores.
Fiereza e intimidad
La calidad de la música siempre redime a Verdi. La OSE tendrá ocasión de demostrarlo bajo la dirección de Antonio Pirolli, director musical de la Ópera Estatal de Estambul. No les quepa duda de que ‘Aroldo’ es una caja de sorpresas, igual que ‘Stiffelio’; hay escenas con un vuelo trágico a la misma altura de ‘La Traviata’ y acentos contundentes que ya anuncian la fiereza de ‘Otello’. Prometedor, ¿eh?
El cartón piedra de los papeles históricos (Attila, Nabucco, Carlos V, Juana de Arco...) se deja aquí en el desván de los recuerdos. En ‘Aroldo’, no hay nada de épica. Ni pizca de intrigas palaciegas o arrebatos místicos. Lo que prima es la intimidad doméstica. Una historia de traición, culpa y perdón. La combinación ideal para poner en vilo al público. El tenor Michael Hendrick asumirá el rol titular y despertará muchos sentimientos encontrados; como el personaje de su mujer, Mina, que encarnará Adriana Damato y les pondrá de los nervios. ¡Y no nos olvidemos de Vladimir Stoyanov! La cuerda de barítono siempre estremece en las partituras verdianas. En definitiva, una velada que merece la pena. ¡A la salud de Verdi!

Isabel Urrutia, El Correo
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